todo comenzó con una bonita canción

martes, junio 07, 2011

Rito Cruel

FLOR DEL DESIERTO.

En una cultura nómada como la mía no hay sitio para una mujer soltera, así que las madres se sienten obligadas a ofrecerles a las hijas las mejores oportunidades para conseguir marido. Y como en Somalía se tiene la creencia de que los genitales femeninos son malignosla mujer se considera impura,lasciva e incansable hasta que se le mutilan esas partes: el CLÍTORIS,LOS LABIOS MENORES Y LA MAYOR PARTE DE LOS LABIOS MAYORES. Al final la herida se sutura y sólo queda la cicatriz y un orificio.

Pagarle a una gitana para que ejecute esta práctica, llamada Infibulación, es uno de los mayores gastos de una familia pero se considera buena inversión. Si no pasan por ese rito,las  hijas no se vuelven apetecibles como futuras esposas.
A las niñas no se les explican los detalles de la Infibulación; son un misterio. Una sólo sabe que algo especial le va a ocurrir al llegar a cierta edad. Así pues, todas kas niñas somalíes esperan con ansia el día en que se convertirán mujeres. Por tradición el rito se celebra cuando la chica alcanzaba la pubertad, pero con el tiempo se ha venido practicando cada vez a menor edad.

Cierta noche cuando tenía yo unos cinco años, mamá me dijo:
-Tu papá fue a ver a la gitana. Un día de estos ella va a venir.

La víspera de ser infibulada, mi familia se mostró muy cariñosa conmigo, y a la hora de cenar me tocó mas comida. Mamá me dijo que no bebiera mucha agua ni leche. Me fui a acostar y no pude dormir bien a causa de la emoción. Mas tarde mi madre me apareció y me indico a señas que me levantara. Aún no había amanecido . Cogí mi manta y eché a andas, tambaleándome de sueño.
Caminamos entre los matorrales.

-Esperemos aquí -  me dijo mamá y esperamos en el frío suelo.
Estaba clareando cuando oímos los pasos lentos de la gitana. Instantes después apareció.
-Siéntate allí- ordenó, señalando una piedra plana.
No hablo más fue diectamente a lo suyo. Mamá me tendio sobre la piedra, se sentó detrás  de mi y apretó mi cabeza contra su pecho, rodeandome con las piernas. 
Me abracé a sus muslos y ella me puso un trozo de raíz entre los dientes.
-muerde con fuerza - me dijo.
Yo estaba paralizada de miedo.
- ME VA A DOLER! musité,apretando los dientes.
-Trata de aguantar,cariño- susurró para tranquilizarme- sé valiente por mí y acabará pronto.
Al mirar entre mis piernas vi a la gitanna. Ella me hecho una mirada severa y fría y luego se puso a hurgar en un morral raído. Metio sus dedos huesudos y sacó una navaja de afeitar mellada. Tenía sangre seca en el filo. La vieja escupio en la navaja y la limpio con su vestido. En tanto hacia esto, mamá me vendó los ojos y ya no vi más-
En eso senti que me cortaban las carnes. Oí el vaivén de la  navaja sobre mi piel. el dolor era indescriptible. Traté de no moverme, pues pensé que cuanto mas loo   hiciera, mas duraria el tormento. Por desgracias, las piernas me empezaron a temblar, a sacudirme sin control. 
Por favor, Dios que acabe ya!! implore antes de desmayarme.
Cuando recobre el sentido  ya no tenía la venda y vi que junto a la gitana había un montón de espinas de acacia. Con ellas  me hizo varias perforaciones en la piel y luego toó su hebra de hilo blanco para suturarme la herida. Yo no sentia las piernas, Pero  el dolor en la región genital era tan intenso, que deseé es muerta.
 No recuerdo nada más, salvo que cuando volví a abrir los ojos, la gitana se había marchado. Con tiras de tela me habían atado las piernas desde los tobillos hasta las caderas para que no me moviera. Entonces miré la piedra: Estaba bañada en sangre como si sobre ella hubiensen sacrificado a un animal. Encima había trozos de mi carne secándose al sol.
Este me caía a plomo en la cara, así que mi madre me llevo arrastrando hasta la sombra de un arbusto y me dejaron allí mientras terminaban de hacerme un refugio. Ésa era la tradición: erigieron un cobertizo debajo de un árbol donde permanecería sola durante varias semana hasta que me restableciera.
Al cabo de unas horas, no  podía aguantar las ganas de orinar. entonces llamé a Mamá, que me empujo para colocarme de costado y luego hizo un agujero en la arena.
-Adelante - dijo.
La primera gota hizo que me ardiera la carne como si  me hubieran puesto ácido. Al coserme, la gitana me había dejado un orificio del diametro de un fósforo por el cual orinar y más tarde, para dejar salir el flujo menstrual.
 Pasaron los días y yo seguí en el cobertizo . Entonces contraje una infección y me dio fiebre. Perdía el conocimiento a ratos. Mi madre me trajo agua y comida para las dos semanas siguientes.
Acostada allí, sola y con las piernas aún amarradas, no podía evitar preguntarme:
¿PORQUE? ¿PARA QUÉ ME HICIERON ESTO? A esa edad no sabía nada acerca del sexo. Sólo sabia que me habían Mutilado con autorización de mi madre. 
Sufri mucho al ser sometida a ese rito brutal, pero tuve suerte. Muchas niñas mueren desangrándose, o a causa del trauma, las infecciones o el tétanos . Dadas las condiciones en que se realiza la mutilación, asombra que haya sobrevivientes.
 ES LA PARTE QUE MAS ME LLAMO LA ATENCIÓN DE ESTA HISTORIA.